Nos preocupamos por mucho y muchos.
Nos preocupamos por demasiadas cosas.
Nos preocupamos por lo que no importa, mientras lo que es importante de verdad pierde su importancia. No sabemos distinguir, estamos perdidos. La real importancia se apaga, está abandonada, mientras los ojos y las yemas de los dedos temblan por futilidad.
Preferimos distraernos hasta olvidarnos de lo que merece nuestra atención y fuerzas. Llegamos al último menudo. Llegamos tarde, corriendo, cada vez con más ansiedad. A veces demasiado tarde.
Somos escépticos sobre la meditación y el yoga, aunque no encontramos mejor ayuda. Las píldoras y polvos duran poco y cuestan mucho.
Salir de relaciones toxicas parece tan difícil, que preferimos hacernos daño, olvidando lo que realmente merecemos.
(pausa respiro profundo)
¿Quién detiene el control sobre nuestras preocupaciones?
